martes, 23 de junio de 2015

¿Quién no preferiría comerse a un chino antes que a un perro?


Después de caminar muchas horas por un sendero, llegué a un otero desde el que divisé lo que parecía una isla. Se oía un murmullo procedente de la misma. Avancé por la cima, acercándome al principio del ansiado descenso y conseguí distinguir cientos de hombres, mujeres y niños que se amontonaban sobre sí mismos. Al aproximarme, oí gruñidos y ladridos entremezclados con gritos de dolor. Sobrecogido en mi sueño pero lejos de retroceder, avancé un poco más y contemplé como el agua que rodeaba toda la zona, era negra. Sangre negra. Los que podían todavía correr, lo hacían prácticamente sobre sí mismos. No había escapatoria. Agudicé la vista y me di cuenta de que estaba ante la tumba de todos los chinos de Yulin. Jaurías de perros los estaban devorando lentamente empezando por los pies en una fiesta de sangre, terror y muerte. Sonreí.
*  *  *


No me queda otra opción que maldecir y desear la peor de las desgracias a cualquier persona que defienda el festival de Yulin. Entiendo que no todos los chinos son iguales, pero desde este momento, mi visión sobre cualquier cosa cercana a esta cultura, será parcial y me cuidaré de medir y seleccionar escrupulosamente mis relaciones con los ciudadanos del país asiático.
El humano es un ser abominable que campa a sus anchas por el planeta y desde el primer día ha cometido todas las barbaridades y atrocidades que nos podamos imaginar. Pero no por ello voy a dejar de expresar lo que siento sobre ciertos temas que son una prueba más de los pocos escrúpulos que somos capaces de desatar.
Es del género tonto pensar que una vaca o un pollo es igual o merece el mismo respeto que un perro y los libros ayudarán al que no lo entienda. No es cuestión de practicar un ensayo sobre lo que supuso la ganadería como revolución en la sociedad y los avances que sobre ella se han ido sucediendo. La vaca, el cerdo o los animales de granja están ahí para alimentarnos y han evolucionado gracias a dicho cometido.
Hace más de 30.000 años que domesticamos al perro y que este descendiente del lobo nos acompaña, nos protege y nos hace el servicio que él mismo eligió. No debemos olvidar que fue el animal quien decidió vivir más cómodamente con el hombre y no al revés. Más tarde el hombre adapto al cánido y creó diferentes razas en función de sus necesidades y sin extenderme más, hemos llegado hasta hoy.
Sur de China. Asco y repugnancia es lo que siento al pensar en un grupo de chinos que tirados en el suelo comen carne de perro. El festival de Yulin es una fiesta de reciente creación que hace no más de 20 años siembra la polémica. No queda mucho más que decir.
Decía un proverbio que, todos los hombres son sabios, unos antes y otros después. Estoy seguro de que esas palabras no las acuñó ningún chino.  


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