martes, 28 de abril de 2015

Persuasión Coercitiva o Maltrato Psicológico

Al manipulador le gusta mucho decir que, nadie está poniendo una pistola en la cabeza de la persona manipulada. Esa es la justificación que hace que, incluso las víctimas de las técnicas de persuasión coercitiva piensen que hacen las cosas por decisión propia.
Los gobiernos democráticos siempre han tenido especialistas que trabajan analizando la manera de pensar y la psicología de cierto tipo de detenidos. En estos días tenemos un claro ejemplo en la guerra que, se hace contra ese proceso de captación constante del yihaidismo.
No hay nada nuevo. El lavado de cerebro es una de las más efectivas armas en cualquier tipo de enfrentamiento. El proceso empieza por analizar al individuo para saber el coste de la captación. El desarraigo familiar, un historial depresivo, instintos suicidadas y la soledad, sumado a la juventud y la incultura, son entre otros lo factores que facilitan el acercamiento y hacen de la persona o grupos de personas un claro objetivo para esa tarea.
Podemos recordar sucesos que la historia nos ha dejado y sin ir más lejos tenemos el suicidio colectivo de Jonestown en el que Jim Jones se erigió en salvador y convenció a cerca de mil personas para que se quitaran la vida. Conocemos la historia de Charles Manson y podemos leer sobre quienes fueron los Davidianos como claros ejemplos de persuasión coercitiva.
Tristes episodios de la historia que hablan de la manipulación que en el nombre de cualquier secta, camuflaba el maltrato, la vejación y el abuso de menores hasta que la muerte se convertía en la protagonista final.
Pero la manipulación en esos hechos no tiene nada que envidiar a la cotidiana, doméstica y casera de la que cada día se nutren los miles y miles de enfermos mentales, sociópatas y dementes que viven para destrozar sin más, todo lo que tienen al lado.
La manipulación grupal no difiere mucho de la individual, la que yo creo es mucho más peligrosa pues el final es el deterioro total y absoluto de la víctima. El maltrato a nivel doméstico o en las relaciones laborales directas e individuales está a la orden del día y realmente penoso es que ante la frase de la pistola, la víctima siga creyendo que las decisiones en muchos casos las toma ella.
El mal endémico como lacra social es el maltrato psicológico a través de la manipulación. Esto se convierte en una enfermedad que generan las malas personas que nos rodean. La envidia, la falta de empatía e incluso el llegar a disfrutar con el dolor ajeno se ha convertido en un deporte nacional.
Siento realmente miedo de pensar que algunas de las personas que quiero se enfrentan cada día a esta pandemia de maltratadores sociales que están terminando con la bondad en el mundo y acabando poco a poco y en silencio con todas las posibilidades que ofrece la vida.

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