domingo, 7 de septiembre de 2014

Ensayo de Maldad

Creo que la mayor carencia que posee el ser humano es la de no saber discernir entre lo bueno y lo malo. 

Estamos rodeados de personas y nos entremezclamos con ellas en un barullo de relaciones que en su conjunto, podríamos decir que marca la forma de vida que cada uno llevamos.

Hay buenas  y malas personas, pero separarlas es tarea difícil. Todo depende del momento en el que nos encontremos y como vivamos ese presente o como de presente tengamos nuestros recuerdos.

Sería lógico pensar que convertimos a alguien en buena persona por el hecho de simplemente quererle. Y realmente la cercanía que tengamos con cualquiera, no implica que ese ente en cuestión sea mejor o peor. Simplemente lo valoramos en el trato con nosotros o incluso por nuestro deseo de que las cosas sean como queremos que sean.

Cualquiera de nosotros tiene parte de bondad, pero lo cierto es que somos peores que mejores en cuanto a la empatía con los demás se refiere. El egoísmo es bandera del ser humano, solo superado y de largo por eso que llamamos envidia y que es la mejor y más grande virtud que tenemos.

Todos somos felices con el mal ajeno. Tenemos más enemigos que amigos e incluso deseamos la muerte del prójimo más de lo estrictamente necesario.

Y es curioso, como manipulamos nuestra propia mente mente para obviar nuestros sentimiento o actos, esos que nos hacen ser culpables, con el único fin de eximirnos de esa responsabilidad. 

Las suegras, los cuñados y  toda esa parte de la familia que denominamos política son malos. Los jefes son malos. Los compañeros nos quieren siempre pisar y los niños de los demás siempre son más feos que los propios. Con un “descanse en paz” zanjamos cualquier muerte y si es de cuerpo presente nos ponemos delante. Y así ejemplo tras ejemplo para argumentar que solo quiero que me quiera quien yo decido, porque esa será la única y mejor persona del mundo para mí y con ella me querré morir. 

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