Xaquín Charlín González es uno de tantos prepotentes,
machistas y sinvergüenzas que pueblan este país. ¿Cómo es posible que este tipejo ocupe un puesto de responsabilidad?
La capacidad de ser sociable con los demás es lo que, al
menos de forma coloquial, nos hace denominarnos personas. Hoy, y después de una
más con la que nos devuelven el voto desde la clase política, creo que este
concepto habría que tratarlo desde un punto de vista más
individualizado.
Quiero posicionarme como alguien que forma parte de una sociedad que sufre a diario las paridas y marranadas de estos delincuentes de
tres al cuarto. Siento que estamos rodeados de machistas y depravados
personajes sin rigor ni dignidad personal. La clase política se deteriora por
momentos, y la sociedad sigue permitiendo desde el respaldo electoral que
profesionales de la estafa económica y moral sigan decidiendo su futuro.
Es criticable el gasto sin control. Sin embargo, más que criticable
sería denunciable que ese gasto del que nos hacemos cargo todos los españoles
hubiera sido hecho de manera ilegal o sin un exquisito rigor.
Sostengo que Soraya Sainz de Santamaría manda en el Partido Popular. Es mala gestora. Su ideario político no sacará a este país de la crisis. Pero hoy, quiero ser el primero que la defienda de impotentes e indigentes emocionales como Xaquín Charlín González.
Sostengo que Soraya Sainz de Santamaría manda en el Partido Popular. Es mala gestora. Su ideario político no sacará a este país de la crisis. Pero hoy, quiero ser el primero que la defienda de impotentes e indigentes emocionales como Xaquín Charlín González.
Hoy en día, España dispone de un famoso más. Se llama Xaquín
Charlín González e imagino que dentro de poco se paseará al lado de la de Los Yébenes
enseñándonos su polla de plata. Pero lo más triste de todo es que no se habla
de los ocho millones gastados en editar a vetustos y antidemocráticos sabios
pasados de moda o de los dieciséis que nos cuesta la prensa diaria en el
congreso. En cambio, estamos detrás de una polla de hojalata que dentro de poco
saldrá en alguna enriquecedora tertulia esperando encandilar a las mozas de
ochenta.
