miércoles, 2 de septiembre de 2026

Guerra Híbrida para Smoth Brains

Guerra Hibrida: El Concepto que lo Explica Todo.



Mucho se habla hoy de la guerra híbrida. De repente, todos los tertulianos del paseíllo televisivo se han convertido en expertos en un término que hasta hace poco prácticamente nadie parecía conocer. Ahora, todo es guerra híbrida.

Pero la combinación de distintas formas de enfrentamiento no es precisamente nueva. El engaño, el espionaje, la propaganda, el sabotaje, los mercenarios o las fuerzas irregulares llevan miles de años acompañando a la guerra.

Incluso se ha querido situar el origen del concepto en el caballo de Troya. Quizá no sea el mejor ejemplo: aquello puede encuadrarse perfectamente en el engaño militar y en el arte de la poliorcética. Lo mismo ocurre con los mercenarios, que durante siglos combatieron junto a soldados regulares, o con el espionaje, tan antiguo como los propios conflictos.

Si ampliamos tanto el concepto, podríamos acabar llamando guerra híbrida hasta a mirar mal al adversario. Y ahí está el problema: cuando todo cabe, el concepto deja de explicar y empieza simplemente a etiquetar.

Quizá la carencia de especialistas tenga algo que ver. Cuando no entendemos un fenómeno, recurrimos a un vocablo que parece explicarlo por sí mismo. «Guerra híbrida» se ha convertido en uno de esos comodines. El tonto busca el concepto como justificación de aquello que no entiende.

A partir de ahora hablaremos de guerra híbrida siempre que no sepamos qué está sucediendo. Si no sabemos quién actúa, guerra híbrida. Si no sabemos por qué, guerra híbrida. Si no sabemos cómo explicarlo, guerra híbrida.

Es decir, siempre.

Y una última precisión sobre Frank Hoffman, presentado a menudo como el inventor de la guerra híbrida. Hoffman no inventó la combinación de soldados regulares, mercenarios, fuerzas irregulares, espionaje o engaño. Lo que hizo fue formular y popularizar, a comienzos del siglo XXI, un concepto para interpretar una determinada combinación contemporánea de capacidades y formas de conflicto.

Una cosa es inventar un concepto y otra muy distinta inventar aquello que pretende describir.

Porque la guerra híbrida no nació ayer. La verdadera pregunta es qué tiene realmente de nuevo. Y, sobre todo, si necesitamos llamarlo «híbrido» cada vez que no somos capaces de entenderlo.

Quizá no nos falten conceptos.

Quizá nos falte comprender.

sábado, 11 de abril de 2026

El Casting del Trompetista

 ¡Es verdad! 

Necesario escuchar y leer

Tengo todo el tiempo del mundo y más que me puedo inventar con el simple hecho de renunciar a mis obligaciones actuales, lo que vendría siendo dejar de jugar al tute y al mus, dejar de intentar hacer carambolas o jugar los martes al fútbol, nadar, el pádel del domingo, las guitarras, además de comer, cagar y dormir. Vivo como los cerdos. ¡Así de bien!


Pero también es cierto, que escribir por escribir sin tener nada que contar, es aburrido hasta para el mismo autor, si este no es un verdadero cerdo.

Además, hay que resaltar que solo poniendo un rato la televisión me doy cuenta que cualquier tertuliano de cualquier canal es más listo y sabe más cosas que el servidor que ahora mismo está aquí, especialmente las que hablan con las gordas tetas. (Fotografía Mundo Deportivo)



¡Hoy estoy pensando en la muerte! Y no. A La Santaolalla no la deseo nada malo ni bueno y menos la deseo a ella.


De hecho llevo muchos días con la cabeza en esa persona de la que siempre me estoy riendo y con la que muchas veces he jugado solo por contarlo. Contarlo en los dos sentidos literales, que así a bote pronto se me están ocurriendo.


Porque la vida tiene cosas bonitas. ¡Claro que si! Y todo dentro de este permanente aburrimiento de mierda que para mi significa vivir, de donde trasciende que mi entorno no entienda que prefiera intentar salvar la vida de cuatro gatitos recién nacidos, aunque eso me cueste tirar un dado de seis caras con una de ellas pintada de negro. ¡De algo hay que morir!

¿Y no será mejor morir a cambio de un gato que de viejo? ¿Hay algo más bonito que eso?


¡Soy un privilegiado!


Y lo soy, porque quitando algo de personal, lo demás me importa todo una mierda. A veces me es difícil hacerme el sufridor por el precio de las cosas, la subida de la gasolina o por la misma muerte de alguien que no me importa absolutamente nada. ¿Guerras y conflictos? ¿Y qué? Se está mejor en el otro lado. Alguna vez he metido el pie y se siente calor, aunque después me pongo a pensar y supongo que será porque estaba tocando el principio del Infierno.


Me senté para hablar de guerras y he contado la que tengo conmigo mismo y que dejé de solucionar con oxicodona, cosa que no está mal, porque seguro que esto me rejuvenece, importándome una mierda ser joven o viejo.


La tecnología avanza y decimos que cada día somos mejores en todo. Siendo esto verdad o por lo menos teniendo mejores capacidades, seguimos siendo los mismos subnormales de mente débil y absurda que éramos en siglos pasados. Y digo esto muy consciente, porque si realmente hubiéramos progresado dentro del negociado de nuestra propia mente, nos daríamos cuenta de toda la estafa que con cuatro mentiras de base usamos para manejar a barata sociedad.


¡Todo es mentira!


La primera imbécil es la IA, cuando atribuye la parte del consenso que se pone de acuerdo en la necesaria creación de guerras permanentes, al sentido antropológico, evolutivo y de lucha por la supervivencia. ¡Mentira! No hay falta de recursos, lo que sería la única razón para atribuir esto a eso. La guerras si son necesarias. Lo son por la imparable inercia del egoísmo humano. Egoísmo que se relaciona con la lucha por el poder económico y la ostentación, que nos lleva al orgasmo mental y más absoluto que alguien pueda pensar que existe. ¡El poder!

No me crea ningún problema que exista hambre en el mundo, ni que mueran inocentes en cualquiera de los cuarenta o cuatrocientos conflictos bélicos que podría ser capaz de enumerar ahora mismo. Pero en cambio estoy deprimido, dentro de mi capacidad, la propia de un psicópata para sentirse mal cuando algo le falla. Y es que se me han dio dos guineanas al cielo de las gallinas.


Y lo mejor de todo es que el trompetista que vino con harapos y un pañuelo de cuatro nudos en la cabeza, tocaba peor que el de la trompeta de oro. ¡Gracias Julito! (Te toca) (Fotografía Instrumentoinusual.net)