Soy de los que todavía piensa que la
mayoría de los políticos tienen principios. Al margen de los muchos casos de
corrupción, estoy completamente convencido de que la vocación y el servicio
para el bien de los demás son los motivos por los que muchos de ellos están
ahí. Sin embargo, también es cierto que soy el más crítico de la banda para
con la panda de insensibles botarates, energúmenos,
irresponsables y elocuentes majaderos con aspecto de borregos que están en este
mundo por razones ajenas a lo que significa el pretexto que lleva a una persona
a querer convertirse en representante del pueblo. Normalmente por
enriquecimiento personal y negativa mental y corporal a poder desempeñar
cualquier otra función, que es lo que yo llamo ser inútiles.
Cargar a la espalda el calificativo de
concejal o diputado, es algo tan lógico como llevar encima el paquete de ser
librero, albañil, cirujano, psicólogo, payaso o psicólogo y payaso. Creo que
independientemente del cariz profesional que limita la situación personal de
cada uno, la ejerza o no, estamos perdiendo el sentido del humor
Perder esa variante de la personalidad
es una muestra de incultura que inhabilita a la persona para defenderse hasta
de sí mismo y le hace carecer de seriedad. Pero todavía me preocupa más pensar
que, quien no alcanza a entender las ironías, podría fácilmente carecer de
corazón.
Desde hace años, Leer a Plutarco es una de esas frases que he llevado al
lado del nick en las redes sociales. Tengo asumido que soy un don nadie y, cuando mi entorno se refiere a mí, lo
normal es que sea para llamarme gilipollas o prepotente en el mejor de los
casos. Sin embargo, leer a Plutarco
educa la mente y, si alguno me hubiera hecho caso, habría probablemente cambiado
alguna respuesta en referencia al tweet que Sánchez Amor con
mucho ingenio nos ha dedicado.
A veces una broma, como momento
insignificante nos describe al hombre mejor que las mayores proezas o las más
duras y sangrientas batallas de las que haya salido victorioso.
Plutarco
NI UN DESHAUCIO MÁS. NADIE MÁS A LA CALLE
Defender a la mujer y la igualdad no
significa vivir encerrado en los tópicos que describen la gilipollez. Ser
feminista si procede, no debe de equivocar la libertad de expresión y el
sentido en la comprensión mutua dentro del contexto adecuado.
