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miércoles, 3 de abril de 2013

Sánchez Amor, Plutarco y la Bellucci



Soy de los que todavía piensa que la mayoría de los políticos tienen principios. Al margen de los muchos casos de corrupción, estoy completamente convencido de que la vocación y el servicio para el bien de los demás son los motivos por los que muchos de ellos están ahí. Sin embargo, también es  cierto que soy el más crítico de la banda para con la panda de insensibles botarates, energúmenos, irresponsables y elocuentes majaderos con aspecto de borregos que están en este mundo por razones ajenas a lo que significa el pretexto que lleva a una persona a querer convertirse en representante del pueblo. Normalmente por enriquecimiento personal y negativa mental y corporal a poder desempeñar cualquier otra función, que es lo que yo llamo ser inútiles.

Cargar a la espalda el calificativo de concejal o diputado, es algo tan lógico como llevar encima el paquete de ser librero, albañil, cirujano, psicólogo, payaso o psicólogo y payaso. Creo que independientemente del cariz profesional que limita la situación personal de cada uno, la ejerza o no, estamos perdiendo el sentido del humor

Perder esa variante de la personalidad es una muestra de incultura que inhabilita a la persona para defenderse hasta de sí mismo y le hace carecer de seriedad. Pero todavía me preocupa más pensar que, quien no alcanza a entender las ironías, podría fácilmente carecer de corazón.

Desde hace años, Leer a Plutarco es una de esas frases que he llevado al lado del nick en las redes sociales. Tengo asumido que soy un don nadie y, cuando mi entorno se refiere a mí, lo normal es que sea para llamarme gilipollas o prepotente en el mejor de los casos. Sin embargo, leer a Plutarco educa la mente y, si alguno me hubiera hecho caso, habría probablemente cambiado alguna respuesta en referencia al tweet que Sánchez Amor con mucho ingenio nos ha dedicado.

A veces una broma, como momento insignificante nos describe al hombre mejor que las mayores proezas o las más duras y sangrientas batallas de las que haya salido victorioso.
 Plutarco

Yo me apuntaría a hacer hasta dos escraches a la Mónica. Y, evidentemente, es una broma.

NI UN DESHAUCIO MÁS. NADIE MÁS A LA CALLE

Defender a la mujer y la igualdad no significa vivir encerrado en los tópicos que describen la gilipollez. Ser feminista si procede, no debe de equivocar la libertad de expresión y el sentido en la comprensión mutua dentro del contexto adecuado.