Me indigna ver cómo progresan los tiempos y, a la
vez, disfruto de lo fascinante que resulta ponerse al día de lo que va
sucediendo a nuestro alrededor. Me impresiona no poder discernir entre lo que
es lógico y la realidad que cada día invade la calle. Muchos de los titulares
que a diario leo en los medios de comunicación, son más propios de la portada
del día de los Santos Inocentes que de una realidad cotidiana. El problema es
que la ficción que nos podría procurar una sonrisa es una realidad tangible
con la que lidiamos cada día.
A Iñaki Urdangarín le ofertan
un contrato en Doha. Eso quiere decir que este señor, imputado por robar a los
españoles, no tiene ningún problema en recibir ofertas de
trabajo. Una realidad que
no cuadra mucho con la actual situación del mercado laboral. Cuarenta y cinco años,
feo y juzgado por corrupto es como lo que decía mi abuela, aunque parezca
mentira, “solterón y cuarentón, ¡qué suerte tienes cabrón!”. No
me lo explico. Este elegante caballero debería quedarse en España hasta que
cumpla con sus obligaciones con la
Justicia en relación a las imputaciones que todavía tiene
pendientes.
Me hace gracia la segunda
parte de la noticia.
¿Y no será que el de Zumárraga
ha sido informado por el Rey que se va en breve a chuparla a Parla?
En definitiva. Me avergüenzo de
esta gente y de todos y cada uno de los que les protegen, apoyan y dan cobijo.
Querida Majestad, ayer te apoyaba como padre y hoy permites esto. Mal vamos.